Hace unos años vi una curiosa exposición sobre diseño, se
llamaba ¿Porqué no funciona?.
En ella se analizaban y exponían una serie de objetos que
por detalles mínimos de diseño no funcionaban correctamente. La imagen anunciadora era una pequeña jarra
que al ser utilizada derramaba todo el líquido haciéndolo desparramarse por la
parte baja (lo siento no he rescatado la imagen).
Me dio que pensar y cada vez que encuentro algo que a mi
entender, por un detalle, no funciona del todo correctamente, mi única neurona
(soy chico) se engancha en tratar de darle solución.
Soy conductor y a
menudo peatón. Soy muy sensible a las reivindicaciones de los moteros porque lo
he sido durante bastantes años hasta que aparqué mi moto para conducir un
“familiar”. Y por supuesto al cicloturismo o mejor dicho al ciclousismo, que la
bici no es sólo para el verano.

Voy a empezar el argumento desde el punto de vista más débil,
el peatón.
Cuando te acercas a un paso de cebra, por la disposición de
las rayas te enfrentas a una serie de líneas las cuales hacen que te detengas
ante ellas. Psicológicamente se te envía un mensaje de alerta, de freno, cuando
si estas rayas fueran en la dirección contraria, creo que el mensaje que
enviaría sería de seguridad ya que acompañarían el caminar del peatón. Por
supuesto y en el caso del conductor desde su perspectiva al unirse las lineas lo que percibiría es una línea ancha que le advertiría del próximo encuentro
con un obstáculo. Cosa que le haría reducir la velocidad. Tanto en el caso de
las motos como en el caso de las bicis los pasos de cebra suponen una
superficie poco fiable en caso de frenado. Si las líneas estuvieran dibujadas contrarias
al sentido de la marcha la superficie de frenado intercalaría asfalto lo cual
la haría más fiable.
Dicho esto, sólo queda cambiar de orientación absolutamente de
todos los pasos de cebra del mundo. Cosas más grandes se habrán conseguido.
Además a las cebras pienso que les dará lo mismo tumbarse
hacia un lado que hacia el otro.