Hace tiempo, oí esta expresión a un presentador histriónico de la televisión cuando aparecieron unas fotos comprometidas de una modelo y un conde, pillados en una habitación de un hotel.
Sobre el tema hizo una apreciación que me hizo reflexionar. En las fotografías aparecían unas bolsas de plástico de supermercado y algún que otro “detalle” del estilo.
Dicho presentador, explicó como aún en las situaciones más glamurosas aparecen lo que él denominó “ranchitos”.
Esa acumulación de objetos que por orden, desorden, funcionalidad, recuerdo, olvido o dejadez se van depositando en rincones y que poco a poco se van enquistando en el ambiente.
Por ejemplo, en ese salón diseñado full equipment en el que aparecen varios periódicos y revistas atrasados. En la biblioteca, objetos de diseño popular que recuerdan nuestra maravillosa estancia en Benalmádena. En el baño, esas cremas de día, de noche, para el frío, el calor, la hidratación, la deshidratación, el exceso o falta de grasa, que se van arrinconando en la encimera de Corian con pozo integrado. Esos paragüeros acerados llenos de bastones, palos de golf o de Santa Agueda, paraguas publicitarios y otra serie de elementos más o menos larguiruchos.
Pero donde más ranchitos aparecen suele ser por supuesto: la cocina. Espacio en donde el uso repetido de las cosas hace que pierdan su lugar de almacenamiento para pasar a estar “a mano”. El tarrito de la sal, el papel super absorbente de doble capa, el “spontes” el "escochbrite”, la espumadera, el “fairi”, el boli publicitario, el calendario de la caja de ahorros, la manopla de silicona y todo tipo de elementos multiusos dignos de la teletienda. Todos ellos de colores siempre llamativos que distorsionan cualquier criterio de conjunción y que tantos quebraderos de cabeza dieron a la hora de decidir sobre el material, color, acabado y textura de los materiales a emplear en el diseño de “LA” cocina.
Es un buen ejercicio el desprenderse de estos ranchitos.
El premio, a parte de la recuperación de espacios, es una sensación de orden. Suele aparecer un sentido de nostalgia, de volver a recuperar la esencia de los sitios. La encimera de la cocina pasa a recordarnos aquella primera imagen en tres dimensiones que tanto nos enamoró en la tienda. El salón pasa otra vez a recordarnos aquella foto que descubrimos ojeando una revista y que hizo que nos decidiéramos.
El baño, vuelve a ser aquel espacio limpio, diáfano de formas regulares de volúmenes compensados y de iluminación casi teatral.
El hall, el espacio de transición con su esencia de vacío casi espartano de formas minimalistas y texturas esmeradas.
Bien, todo ello se consigue de una forma muy fácil: guardando cada cosa en su sitio. Y punto.
Ahora sí, si las cosas no tienen su sitio…ese es otro problema. O falta sitio o sobran cosas.
Seguiré con: “Los ranchitos en el trabajo”.
Algunas reflexiones, comentarios y vivencias de mi trabajo como interiorista
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viernes, 7 de mayo de 2010
jueves, 22 de abril de 2010
SOBRE GUSTOS NO HAY NADA ESCRITO
Esta coletilla y alguna otra del estilo pueden llegar a sacarme de mis casillas.
Cuándo participo en una de esas interminables aleccionadoras conversaciones sobre lo que puede o no llegar a aportar mi profesión, me suelo encontrar amenudo con esta frase. Una frase que algún ingenuo “inculto” acuño en un no muy afortunado día y que con el tiempo ha servido a muchos atrevidos para imponer ideas, zanjar discusiones y limitar imaginaciones.
Vamos a ver, no entiendo como puede una persona querer mostrar su incultura sin ningún tipo de pudor. Si de música habláramos y alguien me dijera que Beethoven es lo más, Los Beatles los únicos o que después de Juan Pardo no ha habido ningún otro cantante más. ¿Que pensaríamos? Pues eso, lo que estamos pensando: un dudoso gusto, una limitación en los conocimientos, en las capacidades, y en los intereses.
Si alguien me ofrece como final de una conversación una frase tan insustancial como ésta, no me pongo ni siquiera a pensar en los miles de libros sobre arte, arquitectura, moda, interiorismo, pintura, artesanía, museos, colecciones, estilos, mobiliario, complementos, decoración, etc. Me suelo quedar pensando en las decenas de revistas que mensualmente educan nuestro gusto y que tan coloridas adornan los kioskos.
Por favor, antes de volver a hablar, gástese 3 € en una revista “sobre gusto” y se le abrirá un infinito desconocido mundo.
Ante: Sobre gustos no hay nada escrito.
La respuesta es: Lo que hay es poco leído.
Cuándo participo en una de esas interminables aleccionadoras conversaciones sobre lo que puede o no llegar a aportar mi profesión, me suelo encontrar amenudo con esta frase. Una frase que algún ingenuo “inculto” acuño en un no muy afortunado día y que con el tiempo ha servido a muchos atrevidos para imponer ideas, zanjar discusiones y limitar imaginaciones.
Vamos a ver, no entiendo como puede una persona querer mostrar su incultura sin ningún tipo de pudor. Si de música habláramos y alguien me dijera que Beethoven es lo más, Los Beatles los únicos o que después de Juan Pardo no ha habido ningún otro cantante más. ¿Que pensaríamos? Pues eso, lo que estamos pensando: un dudoso gusto, una limitación en los conocimientos, en las capacidades, y en los intereses.
Si alguien me ofrece como final de una conversación una frase tan insustancial como ésta, no me pongo ni siquiera a pensar en los miles de libros sobre arte, arquitectura, moda, interiorismo, pintura, artesanía, museos, colecciones, estilos, mobiliario, complementos, decoración, etc. Me suelo quedar pensando en las decenas de revistas que mensualmente educan nuestro gusto y que tan coloridas adornan los kioskos.
Por favor, antes de volver a hablar, gástese 3 € en una revista “sobre gusto” y se le abrirá un infinito desconocido mundo.
Ante: Sobre gustos no hay nada escrito.
La respuesta es: Lo que hay es poco leído.
jueves, 8 de abril de 2010
CUANDO EL TRABAJO ES PLACER
..O cuando el placer se convierte en trabajo.
Mitxel, Gonzalo. Es un placer trabajar con vosotros.
Como siempre recibir un encargo de trabajo de mi amigo Juan supone un placer.
En esta ocasión he tenido la suerte de preparar una exposición en la Bodega Ysios sobre Eduardo Chillida y su relación con la tierra y los aromas.
Un artista que siempre lo he sentido “muy mío” como hace poco me decía alguien. Siempre había tenido una cierta predilección por él .
Le entiendo, me resultaba cómodo, fácil. Incluso entrañable. Sus manos. Me enorgullece ser su tocayo.
Pero gracias a Ignacio, he conocido otra dimensión del artista: la de “Aita”.
Es decir, conocer a su familia y cientos de anécdotas que no se leen en los libros. Artistas estrambóticos que pautaron su camino hacia nuevas formas. Sonidos que le llevaron a experimentar nuevos materiales. Noches velando un horno para vigilar una pieza.
Paseos llenos de arte en “la jardinière”. Veranos en Francia trabajando en camiseta a la sombra de un árbol. Desahogos golpeando el hierro para modelar una pieza. Sueños de Quijote demolidos con excavadoras. Amigos con helicóptero que hacían de transportistas ocasionales. Viajes culturales en familia. Y una partenaire navarra de ideas firmes.
Gracias a ti, Ignacio.
Mitxel, Gonzalo. Es un placer trabajar con vosotros.
sábado, 20 de marzo de 2010
Vintage
“Ahora lo que se lleva es el estilo vintage!!”
Oí decir a una persona, ex minimalista, el otro día.
Estuve a punto de entrometerme y aportar mi opinión para aclarar la situación. Pero me voy haciendo mayor, más cabal o más cobarde…
Y pensé: pobre! que necesidad de simplificar las cosas para entenderlas.
Ahora desde estas líneas voy a tratar de aclarar la situación.
En decoración, me entenderéis enseguida la diferencia con el interiorismo, siempre lo que “se ha llevado” ha sido el buen gusto, y punto.
A partir de ahí son “clasificativos”. Rendijas por las que introducir determinados objetos, aupar a determinados diseñadores o vender determinadas revistas.
El término “vintage”, por lo que sé, inglés, y no francés, ofrece matices que pueden determinar a un objeto.
El reconocimiento de la calidad de un objeto será independiente de cualquier tipo de clasificación. Y ahí entra la objetividad.
No se puede calificar un objeto como vintage por el mero hecho de haber pertenecido a la abuela.
Persona de entrañable carácter pero de dudoso gusto. Reconozcámosle su valentía a haber sobrevivido a una postguerra, a unas carencias económicas y a una falta de cultura estética muy importante.
Ese objeto lo miraremos con más o menos cariño. Lo calificaremos como de “toda la vida en la familia” y punto.
La introducción de elementos recogidos en traperías en vertederos o en emauses tampoco los calificaremos como tales ya que lo único que haremos es encontrar el mueble de “toda la vida” pero de la abuela de otro.
Si nuestra abuela fue una persona adinerada, viajada, educada en Londres o Paris. Aparte de tener una abuela más o menos entrañable habremos tenido la suerte de haber heredado muebles de valor como antigüedad. Pero eso, es otro tema.
Retomando, si te hablan de estilo vintage y te apuntas. Quédate con una pieza que te aporte diseño, que sea de calidad, que tenga su historia, que te llene visualmente, que lo veas con objetividad. Que te acompañe en tu vida. Pero en todo caso respétale su sitio. No lo rodees de más años a su alrededor. No lo agobies necesita aire. Porque si no lo haces lo que conseguirás no será un “estilo vintage” sino un “estilo cuéntame”.
Oí decir a una persona, ex minimalista, el otro día.
Estuve a punto de entrometerme y aportar mi opinión para aclarar la situación. Pero me voy haciendo mayor, más cabal o más cobarde…
Y pensé: pobre! que necesidad de simplificar las cosas para entenderlas.
Ahora desde estas líneas voy a tratar de aclarar la situación.
En decoración, me entenderéis enseguida la diferencia con el interiorismo, siempre lo que “se ha llevado” ha sido el buen gusto, y punto.
A partir de ahí son “clasificativos”. Rendijas por las que introducir determinados objetos, aupar a determinados diseñadores o vender determinadas revistas.
El término “vintage”, por lo que sé, inglés, y no francés, ofrece matices que pueden determinar a un objeto.
El reconocimiento de la calidad de un objeto será independiente de cualquier tipo de clasificación. Y ahí entra la objetividad.
No se puede calificar un objeto como vintage por el mero hecho de haber pertenecido a la abuela.
Persona de entrañable carácter pero de dudoso gusto. Reconozcámosle su valentía a haber sobrevivido a una postguerra, a unas carencias económicas y a una falta de cultura estética muy importante.
Ese objeto lo miraremos con más o menos cariño. Lo calificaremos como de “toda la vida en la familia” y punto.
La introducción de elementos recogidos en traperías en vertederos o en emauses tampoco los calificaremos como tales ya que lo único que haremos es encontrar el mueble de “toda la vida” pero de la abuela de otro.
Si nuestra abuela fue una persona adinerada, viajada, educada en Londres o Paris. Aparte de tener una abuela más o menos entrañable habremos tenido la suerte de haber heredado muebles de valor como antigüedad. Pero eso, es otro tema.
Retomando, si te hablan de estilo vintage y te apuntas. Quédate con una pieza que te aporte diseño, que sea de calidad, que tenga su historia, que te llene visualmente, que lo veas con objetividad. Que te acompañe en tu vida. Pero en todo caso respétale su sitio. No lo rodees de más años a su alrededor. No lo agobies necesita aire. Porque si no lo haces lo que conseguirás no será un “estilo vintage” sino un “estilo cuéntame”.
viernes, 5 de febrero de 2010
EHSF
Ayer tuve el placer de recibir un agradecimiento por parte de la Federación Vasca de Surf Euskal Herriko Surf Federazioa por haber diseñado hace 20 años su logo. Desde el primer momento fue un trabajo que me salió fácil. Cogí dos rotuladores y a la primera de mi mano salieron dos olas casi iguales una roja y otra verde. Mi mano estaba entrenada a dibujar olas. Cientos de ellas habían acompañado mis libros del colegio, servilletas de papel y cristales empañados.
Muchas gracias a las personas que me lo pidieron, a los que lo eligieron, a los que me lo han premiado. Pero principalmente quiero agradecer a la gente que durante 20 años lo han ido llenado de contenido.
Eskerrik asko!
Un diseño gráfico, sea el que sea, sólo es forma no tiene función.
He diseñado marcas, logos, anagramas e imágenes que han sido efímeras.
Marcas para ropa que no llegaron a fabricar ni una prenda. Anagramas para equipos que no ganaban nunca. Imágenes para tiendas que cerraron antes de abrir. Sólo han sido “algo bonito” que duraron un tiempo. Negocios que tuvieron que partir de una gran idea para quedarse en menos.
Detrás de cada idea tiene que haber un contenido, algo que haga que esa forma funcione.
Con ello quiero destacar la importancia que para mi tienen las ideas. Debíamos de obligarnos a “idear” más. Debería ser un ejercicio de salud mental.
Deberíamos imaginar como sería nuestra vida si.., como funcionaría mejor si…, cómo actuaría frente a…, como solucionaría si….
Os invito a imaginar. Veréis cómo con el tiempo esas ideas se van llenando de contenido.
Muchas gracias a las personas que me lo pidieron, a los que lo eligieron, a los que me lo han premiado. Pero principalmente quiero agradecer a la gente que durante 20 años lo han ido llenado de contenido.
Eskerrik asko!
Un diseño gráfico, sea el que sea, sólo es forma no tiene función.
He diseñado marcas, logos, anagramas e imágenes que han sido efímeras.
Marcas para ropa que no llegaron a fabricar ni una prenda. Anagramas para equipos que no ganaban nunca. Imágenes para tiendas que cerraron antes de abrir. Sólo han sido “algo bonito” que duraron un tiempo. Negocios que tuvieron que partir de una gran idea para quedarse en menos.
Detrás de cada idea tiene que haber un contenido, algo que haga que esa forma funcione.
Con ello quiero destacar la importancia que para mi tienen las ideas. Debíamos de obligarnos a “idear” más. Debería ser un ejercicio de salud mental.
Deberíamos imaginar como sería nuestra vida si.., como funcionaría mejor si…, cómo actuaría frente a…, como solucionaría si….
Os invito a imaginar. Veréis cómo con el tiempo esas ideas se van llenando de contenido.
jueves, 14 de enero de 2010
decoración LOW COST
.... A nadie se nos escapa la grave situación económica que padecemos. Y en especial a todos aquellos que ofrecemos un "valor añadido" a las cosas.
Cuando empezaron a sonar las primeras alarmas pensé: "Pobres floristas, son los primeros que lo van a notar". Es cierto, cuando la gente tiene que hacer un regalo, ahora se piensa más en el objeto práctico al 100% que en el estético al 100%. Mi segundo pensamiento fue una reflexión: " Los siguientes somos nosotros, los interioristas, decoradores y demás gente que nos dedicamos dentro de nuestros trabajos a "adornar". Me encontré con otra reflexión, " En 26 años de profesión ésta es la tercera crisis económica que conozco, pero tiene pinta que va a desbordar cualquier expectativa.
Y ante eso sólo queda actuar. Prever posibles riesgos, estar atentos a las noticias del sector, administrar los recursos y desde luego buscar alternativas. Ser imaginativo.
Y ahí es donde me encuentro, buscando alternativas. Y en mi caso, ya ofreciéndolas.
Pertenecemos a una época en las que las comunicaciones son extensas. Las redes sociales nos permiten estar más cercanos y las reflexiones personales pueden ser transmitidas y contrastadas de inmediato.
A todos nos sorprendió hace unos años cuando una compañía aérea se propuso popularizar los viajes en avión. Sus aviones eran de colorines, sus asistentes de vuelo gente de sport, su diseño fresco pero cuidado y su webpage eficaz.
Hoy en día el "low cost" es algo al que recurrimos y a nadie se nos caen los anillos al reconocer que viajamos barato. Es más, es un signo de avidez, "He viajado a Londres por 50 €. Me he alojado en tal hotel por 200 y ha sido genial”. A nadie se nos ocurre preguntarle si le han dado cacahuetes en el avión o si desde la habitación veía el Big Ben. Lo importante era Londres. El Big Ben, lo ves si quieres y además si te apetecen cacahuetes te compras unos M&M en el aeropuerto.
Eso es lo que en definitiva se ofrece en una decoración "low coast" llegar a completar un espacio en su uso y forma pero de una forma menos gravosa.
Para ello las soluciones deben de ser más imaginativas, la confianza debe de ser mayor, los recursos no pueden ser tan desarrollados, pero la calidad del "vuelo" será el mismo.
Se ofrecen soluciones ahorrando costes en tiempo y en procedimiento. Ahí es donde se mide la profesionalidad y destreza del "piloto". Menor cantidad de tiempo de estudio y más trabajo de campo. Más dibujo a mano sobre libreta y menos delineación versión 2010.
¿Quien no está dispuesto a invertir en su bienestar? y ¿quien quiere malgastar su dinero? La respuesta es obvia. De un interiorista se busca algo más. Algo que aporte un plus de atrevimiento, incluso de impertinencia a la hora de decorar. Ese atrevimiento que hace que las cosas parezcan más de lo que son. Ese poder recuperar algo olvidado pero que visto desde otros ojos vuelve a ser bello. Esa solución barata pero efectista. Ese atajo hacia el fin. Y por supuesto la sorpresa, la ilusión y el arte. Todo esto se puede ofrecer desde un punto de vista más económico. Es el momento.
Me encuentro con clientes jóvenes que empiezan a compartir piso alquilado. Clientes que se han cambiado de ciudad con una valija importante de muebles.
Clientes que no están interesados en que su casa sea domótica sino energéticamente sostenible. Clientes que necesitan que la atención sea rápida, sin grandes despliegues. Pequeños retoques a sus negocios o viviendas. Consejos más que grandes proyectos. Clientes que no pueden pagar una lámpara diseñada en Italia pero que les gusta tener su casa perfectamente iluminada.
¿Vas a dejar de comprar ropa nueva por que no puedes comprar seda? ¿Vas a coserte tu ropa? ¿Vas a dejar de disfrutar del diseño por que no puedes pagar el pret a porter de un diseñador afamado? Verás como dentro de poco ese diseñador te ofrecerá un jean, una camiseta o un complemento a medida de tu bolsillo. Por ese mismo motivo ¿vas a dejar de tener tu casa decorada? ¿Vas a dejar de disfrutar de muebles de diseño por no ser de determinada marca? No hablo de perder en calidad sino de buscar alternativas. De ser más atrevidos. De pensar en: “¿por que no?” más que en el “no, por que no”.
Siempre me ha halagado cuando un cliente me ha dicho “Sé que me has hecho ganar dinero” y se refiere a que no le he hecho gastar más para que quedara mejor y a que él sólo hubiera cometido errores y malgastado el dinero.
O, cuando alguien dice “gracias, nunca me hubiese atrevido a hacerlo”
La oferta es clara, se puede llegar a Londres en bussines, en turista, en low cost, en ferry, en coche propio o en un autobús ilegal que viaje de noche, traspasando fronteras y límites razonables.
Cada uno elige, pero la oferta existe y alguno ya la hemos incorporado a nuestro menú. Aprovechemos los medios para comunicar y mi respuesta será ofrecer soluciones efectivas a bajo coste.
Cuando empezaron a sonar las primeras alarmas pensé: "Pobres floristas, son los primeros que lo van a notar". Es cierto, cuando la gente tiene que hacer un regalo, ahora se piensa más en el objeto práctico al 100% que en el estético al 100%. Mi segundo pensamiento fue una reflexión: " Los siguientes somos nosotros, los interioristas, decoradores y demás gente que nos dedicamos dentro de nuestros trabajos a "adornar". Me encontré con otra reflexión, " En 26 años de profesión ésta es la tercera crisis económica que conozco, pero tiene pinta que va a desbordar cualquier expectativa.
Y ante eso sólo queda actuar. Prever posibles riesgos, estar atentos a las noticias del sector, administrar los recursos y desde luego buscar alternativas. Ser imaginativo.
Y ahí es donde me encuentro, buscando alternativas. Y en mi caso, ya ofreciéndolas.
Pertenecemos a una época en las que las comunicaciones son extensas. Las redes sociales nos permiten estar más cercanos y las reflexiones personales pueden ser transmitidas y contrastadas de inmediato.
A todos nos sorprendió hace unos años cuando una compañía aérea se propuso popularizar los viajes en avión. Sus aviones eran de colorines, sus asistentes de vuelo gente de sport, su diseño fresco pero cuidado y su webpage eficaz.
Hoy en día el "low cost" es algo al que recurrimos y a nadie se nos caen los anillos al reconocer que viajamos barato. Es más, es un signo de avidez, "He viajado a Londres por 50 €. Me he alojado en tal hotel por 200 y ha sido genial”. A nadie se nos ocurre preguntarle si le han dado cacahuetes en el avión o si desde la habitación veía el Big Ben. Lo importante era Londres. El Big Ben, lo ves si quieres y además si te apetecen cacahuetes te compras unos M&M en el aeropuerto.
Eso es lo que en definitiva se ofrece en una decoración "low coast" llegar a completar un espacio en su uso y forma pero de una forma menos gravosa.
Para ello las soluciones deben de ser más imaginativas, la confianza debe de ser mayor, los recursos no pueden ser tan desarrollados, pero la calidad del "vuelo" será el mismo.
Se ofrecen soluciones ahorrando costes en tiempo y en procedimiento. Ahí es donde se mide la profesionalidad y destreza del "piloto". Menor cantidad de tiempo de estudio y más trabajo de campo. Más dibujo a mano sobre libreta y menos delineación versión 2010.
¿Quien no está dispuesto a invertir en su bienestar? y ¿quien quiere malgastar su dinero? La respuesta es obvia. De un interiorista se busca algo más. Algo que aporte un plus de atrevimiento, incluso de impertinencia a la hora de decorar. Ese atrevimiento que hace que las cosas parezcan más de lo que son. Ese poder recuperar algo olvidado pero que visto desde otros ojos vuelve a ser bello. Esa solución barata pero efectista. Ese atajo hacia el fin. Y por supuesto la sorpresa, la ilusión y el arte. Todo esto se puede ofrecer desde un punto de vista más económico. Es el momento.
Me encuentro con clientes jóvenes que empiezan a compartir piso alquilado. Clientes que se han cambiado de ciudad con una valija importante de muebles.
Clientes que no están interesados en que su casa sea domótica sino energéticamente sostenible. Clientes que necesitan que la atención sea rápida, sin grandes despliegues. Pequeños retoques a sus negocios o viviendas. Consejos más que grandes proyectos. Clientes que no pueden pagar una lámpara diseñada en Italia pero que les gusta tener su casa perfectamente iluminada.
¿Vas a dejar de comprar ropa nueva por que no puedes comprar seda? ¿Vas a coserte tu ropa? ¿Vas a dejar de disfrutar del diseño por que no puedes pagar el pret a porter de un diseñador afamado? Verás como dentro de poco ese diseñador te ofrecerá un jean, una camiseta o un complemento a medida de tu bolsillo. Por ese mismo motivo ¿vas a dejar de tener tu casa decorada? ¿Vas a dejar de disfrutar de muebles de diseño por no ser de determinada marca? No hablo de perder en calidad sino de buscar alternativas. De ser más atrevidos. De pensar en: “¿por que no?” más que en el “no, por que no”.
Siempre me ha halagado cuando un cliente me ha dicho “Sé que me has hecho ganar dinero” y se refiere a que no le he hecho gastar más para que quedara mejor y a que él sólo hubiera cometido errores y malgastado el dinero.
O, cuando alguien dice “gracias, nunca me hubiese atrevido a hacerlo”
La oferta es clara, se puede llegar a Londres en bussines, en turista, en low cost, en ferry, en coche propio o en un autobús ilegal que viaje de noche, traspasando fronteras y límites razonables.
Cada uno elige, pero la oferta existe y alguno ya la hemos incorporado a nuestro menú. Aprovechemos los medios para comunicar y mi respuesta será ofrecer soluciones efectivas a bajo coste.
domingo, 3 de enero de 2010
....algo por lo que empezar
... para mi es algo nuevo y diferente esto de escribir sin saber quien me va a leer (o me va a querer leer).
Me siento como si abriera un infinito cuaderno en blanco el primer día de clase y me hicieran escribir una redacción sobre las vacaciones.
La responsabilidad de que alguien te dedique su tiempo. El interés propio por escribir. Y el desconocimiento del medio.
Me encuentro a la vez asustado y excitado.
Recibir mi letra temerosa, cuidada de forma, escrita con el cariño de un niño que no quiere estropear su primera página de ese cuaderno que todavía huele a nuevo.
e.
Me siento como si abriera un infinito cuaderno en blanco el primer día de clase y me hicieran escribir una redacción sobre las vacaciones.
La responsabilidad de que alguien te dedique su tiempo. El interés propio por escribir. Y el desconocimiento del medio.
Me encuentro a la vez asustado y excitado.
Recibir mi letra temerosa, cuidada de forma, escrita con el cariño de un niño que no quiere estropear su primera página de ese cuaderno que todavía huele a nuevo.
e.
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